31.12.07

Historia e historicidad

La Historia es un invento del historicismo para suspender la historicidad, centra su mirada en lo ocurrido y aparta su vista de lo que acontece. La modernidad atenúa así el suspense que implicaba el descrédito de la providencia (i.e. la historicidad es un mero tránsito por un valle de lágrimas que nos conduce a un paraíso que está prefigurado en el origen en el que toda incertidumbre es en realidad el signo escondido de un designio divino que se nos revelará el último día) inventando con ‘la Historia’ su versión laica, un fondo de continuidad que sirve como fundamento a la existencia humana, un vector temporal orientado a una meta y un determinado cumplimiento. La Historia nos protege de la historicidad, de la discontinuidad, de la angustia de concebir la existencia como tarea, elaboración, acontecimiento, ficción. Convoca al pasado para cancelar las inquietantes preguntas sobre el presente y supone una reconducción de los acontecimientos al orden del (gran) relato, que sitúa y ubica a los individuos y sus actos dentro de esa teleología progresista. La historicidad de las cosas, la finitud de la existencia humana, disuelve su responsabilidad radical en una historia que le permite reencontrarse con su esencia perdida. La historia olvida así que ella misma es histórica.

La Historia (history), se opone a la historia (story), que devuelve al acontecimiento su discontinuidad y a la decisión contingente su responsabilidad. Parte de un problema actual para entender la historia como una sucesión de escenarios de racionalidad –que ofrecen distintas posibilidades para el conocimiento y la experiencia- en los que el sujeto ético toma decisiones que muestran la dimensión contingente de su evolución. La historicidad sólo es posible como ausencia de Historia, del gran relato del devenir orientado a una meta teleológica y al desarrollo de una racionalidad específica.

La historia (history) se opone, además, a la herstory.